Breve Resumen y su Interpretación de los Hermanos Ayar.
Cuenta la leyenda que en la gran montaña Pacaritambo (al noroeste de Cuzco) tras un gran diluvio el dios Wiracocha hizo salir a los Hermanos Ayar. En la montaña llamada Tampu Tocco, partieron los cuatro hermanos con sus respectivas esposas, Ayar Manco y Mama Ocllo, Ayar Cachi y Mama Cora, Ayar Uchu y Mama Rahua y finalmente Ayar Auca y Mama Huaco.
Los hermanos Ayar al contemplar el estado de las tierras y la pobreza de la gente, emprendieron un viaje en búsqueda de un lugar más fértil. Partieron junto a miembros de diez Ayllus (organización inca que agrupaba diez familias), hacia el sudeste. El primer problema surgió cuando Ayar Cachi (un hombre fuerte) tuvo un altercado con sus demás hermanos.
Ellos quisieron matarlo, y Ayar Cachi les ordenó de volver a las cavernas de Pacarina (se llama así, en quechua, al lugar de los orígenes) a buscar semillas y agua. Ayar Cachi penetró en la caverna de Capac Tocco (ventana principal de la montaña "Tampu Tocco") y el doméstico que lo acompañaba cerró con una gran piedra la puerta de entrada, y él no pudo jamás salir.
Los demás siguieron su camino y llegaron al monte Huanacauri donde encontraron un ídolo de piedra, al que le temieron y respetaron. Pero Ayar Uchu saltó sobre la espalda de la estatua de piedra, y quedó instantáneamente petrificado, haciendo parte en delante de la escultura. Aconsejó a sus hermanos de seguir el viaje y les pidió que se celebre en su memoria la ceremonia del Huarachico, o "iniciación de los jóvenes”.
En el transcurso del viaje, Ayar Auca vio que le crecieron alas y voló hacia el valle. Cuando llegó a una roca de Acamama, también quedó convertido en piedra. El único hermano restante Ayar Manco, llegó a Cuzco donde encontró buenas tierras, y se hundió su bastón de oro con facilidad pero no pudo retirarlo sin esfuerzos. Entusiasmados por el entorno decidieron quedarse. Ayar Manco fundó una ciudad con el nombre de su Dios Wiracocha y en el nombre del Sol, esta ciudad se llamó Cuzco (ombligo en quechua) y se convirtió en la capital del Tahuantinsuyo, el comienzo de Imperio Inca.
INTERPRETACIÓN
Estos hechos son interpretado como la conquista del valle del Cusco por tribus quechuas .Los cuatro hermanos, al decir del mismo Dr. Valcárcel, representan a cuatro tribus los mara, los tampus, los mascas y los chilkes, que procedentes del sur del valle de Apurimac ocuparon lo que más tarde sería la capital del imperio, el Cusco. De la lucha entablada entre las cuatro tribu la mas aguerrida, la de los mascas, capitaneada por ayar manco, habría vencido a todas las demas, constituyéndose de esa manera, en el fundador de la que después sería la dinastía de los incas, el imperio incaico.
Machu Picchu, en quechua, significa "Montaña Vieja". Está a 2400 metros sobre el nivel del mar. Es una ciudadela perteneciente al período Inka Imperial. Quizá fue construida en la primera mitad del siglo XV durante el reinado de Pachacutec (noveno emperador de la dinastía Inka). Poco se sabe sobre el destino que debía cumplir. Se supone, entre otras cosas, que debió ser un templo para las Vírgenes del Sol ya que parece haber sido habitada fundamentalmente por mujeres. No se sabe cómo fue que desapareció su población. Quizá por muerte natural, quizá por migración, quizá fueron masacrados. Pero estuvo habitada hasta el comienzo del siglo XVIII. Hiram Bingham llegó hasta ella en 1911, guiado por gente del lugar que atendía algunos andenes de cultivo en sus inmediaciones.
Existen muchas versiones sobre su identidad. Su descubridor sostenía que era el lugar desde donde habían salido los hermanos Ayar (héroes fundadores del Cusco) o, en su defecto, Vilcabamba la Vieja (sede de la resistencia de Manco Capac II).
El descubridor de Macchu Picchu nació en Honolulu, el 19 de noviembre de 1875. Estudió en las Universidades de Yale y de California, obteniendo el título de Doctor en Historia en la Universidad de Harvard, alcanzando el cargo de Catedrático Principal a la edad de veintiséis años. Empezó por estudiar las campañas militares de Simón Bolívar y en razón de ello viajó por Venezuela y Colombia a lomo de mula por la selva. Estudiando la estrategia militar de Bolívar, conoció al Doctor Eliu Root (Secretario de Estado de los Estados Unidos) quien lo nombró delegado al Primer Congreso Científico Panamericano que se realizó en Santiago de Chile en 1908. Desde allí partió a explorar las rutas de los comerciantes de la Colonia entre Argentina, Chile y Perú.
Desde muy joven había estudiado sobre los Inka del Perú y había puesto especial interés en el relato sobre la ciudad perdida de Vilcapampa o Vilcabamba, última capital de los Inka. En 1911 fue hacia el valle del Urubamba con la finalidad de buscarla. Un agricultor aborigen de la región, llamado Melchor Arteaga, fue su baqueano. Treparon por el cañón del Urubamba y al mediodía del 24 de julio de 1911 la encontraron.
Bingham contrató enseguida quinientos peones para lograr hacer retroceder a la majestuosa selva que – a través de los siglos – había envuelto a las ruinas. Así fueron saliendo a luz habitaciones, caminos y andenes, cien escalinatas y tres mil escalones. En los años siguientes Bingham organizó varias expediciones bajo el auspicio de la Universidad de Yale y la National Geographic Society, realizando un valiosísimo trabajo de registro cartográfico y escribiendo un libro llamado La ciudad perdida de los Inka en que relata cómo la descubrió. La última vez que estuvo en Machu Picchu fue en 1948 cuando inauguraron la carretera que lleva su nombre. La visita actual se lleva a cabo siguiendo los sectores en que él dividió a la ciudad y son los siguientes: Casas de los cuidadores de los andenes:es el primer grupo de construcciones que uno encuentra cuando entra a las ruinas y las cuales están restauradas con el propósito de ofrecer una idea de cómo era la arquitectura original. Esas casas servían como graneros para guardar las cosechas; desde allí sale un sendero que conduce al área agrícola. Sector agrícola: allí la montaña está cortada por los andenes de cultivo, una suerte de escalones sostenidos por construcciones de piedra, estrechos y largos, antaño regados por el agua que bajaba de la cumbre a través de canales construidos en piedra. Los inka conocían más de doscientas clases de plantas alimenticias y medicinales: papa, maíz, quinua, oca, olluco, zapallo, yuca. Y también, gran variedad de frutas como la lucuma, pacae, tumbo, chirimoya. Para cultivar usaban el palo cavador o chakitaklla, el que consiste en un palo de madera largo con un estribo para el pie en el lado derecho inferior y que termina en un cuchillo de metal con el cual se rotura la tierra y que está en uso en todo el Perú todavía en la actualidad. Con el guano de llama y aves nutrían artificialmente la tierra.
Después de una especie de zanja que desciende desde lo alto se llega al Sector urbano. Una serie de peldaños labrados en roca viva descienden de la parte superior de Machu Picchu hacia su base. Hacia la derecha se ven los restos de canales de irrigación y unos cuantos metros hacia delante se aprecian restos de habitaciones, mientras en la montaña que la enfrenta se divisan plantaciones de té. Al pie de esta montaña está la vía férrea que lleva al Valle de la Concepción, uno de los valles más fértiles del país. Barrio de las Fuentes:allí se encuentran dieciséis fuentes de agua que la distribuyen hacia distintos puntos del espacio urbano, a partir de un manantial que está ubicado a un kilómetro, en la parte superior de la montaña (y que ahora es desviada hacia el hotel de turismo que está junto a las ruinas). Más de tres mil escalones se distribuyen en cien escaleras, las cuales atraviesan la ciudad en todas direcciones. Las rocas fueron traídas desde las canteras cercanas. A continuación se suben unos veinte escalones hacia arriba y por la izquierda se entra a un pasadizo estrecho que conduce a la fuente principal. La Fuente principal:es la cabeza de las otras fuentes, aquí hay hornacinas y una roca labrada en forma de altar. Junto a ella está La Casa de los cuidadores de las Fuentes:allí, hornacinas, ventanas y puertas delimitan un bello espacio donde se puede apreciar el carácter de la arquitectura inka: diseño trapezoidal , de base amplia y cúspide angosta. Este sector está restaurado. Asimismo ilustra sobre clavas de piedra de uso desconocido (aunque Bingham suponía que allí colgaban ropas y armas). Templo del Sol: este se encuentra subiendo nueve escalones y torciendo hacia la izquierda, tomando un corredor. La construcción posee doble jamba, de piedras ensambladas sin argamasa. En esta entrada se observan dos orificios con pequeños cilindros de granito que utilizaban para asegurar la entrada, colocando una barra de madera en sentido horizontal y otra en vertical, sujeta a una argolla de piedra que se encuentra en el dintel. Se continúa por el pequeño corredor y se llega al Palacio de la Princesa:es una construcción de dos pisos, con dinteles de piedra que se atribuye a una princesa o a un sacerdote. En el centro del piso del mismo hay una roca que pudo haber servido para dividirlo en habitaciones (dormitorio, comedor, cocina, etc.) siguiendo la disposición actual de las viviendas populares peruanas, las cuales poseen un solo espacio donde se realizan todas las actividades cotidianas. Desde este lugar se pasa al Templo del Sol: que es el más bello lugar dentro de Machu Picchu. Se trata de un edificio de muro circular, con una piedra central labrada que se atribuye a un altar de sacrificios. En el muro lateral hay hornacinas trapezoidales. En la dirección del norte existe una puerta con dintel, también trapezoidal y con orificios en la parte inferior. Se la llama puerta de las serpientes pero su función es desconocida. El edificio tiene la propiedad de ser anti-sísmico. Después, siguiendo por una escalinata y hacia abajo, se pasa a las habitaciones conocidas como de los cuidadores del templo del Sol. Al final de este corredor se divisa el cerro Huayna Picchu con sus andenes. Tumba Real:en la base de la torre circular anterior se encuentra la llamada Tumba Real en forma de gran caverna en cuyo interior se encuentra una roca con dos escalones cuya función se atribuye a un altar de ofrenda a las momias que encontró la Expedición Bingham. En aquella época los muertos eran envueltos en textiles, en posición fetal, con objetos de ofrenda (generalmente escudillas, pequeñas llamas de piedra, oro o plata). Durante las fiestas religiosas estas momias eran expuestas a la vista de todos y recibían ofrendas puesto que las consideraban espíritus protectores. Sector Real:se llega desde el lugar anterior, ascendiendo hasta llegar a una especie de recinto grande con grandes dinteles de roca en las puertas. Su uso se atribuye a los nobles. Las paredes poseen muchos nichos trapezoidales y en la parte superior de la construcción hay cilindros de granito que servían para sostener las vigas de madera que soportaban – presumiblemente – la techumbre de paja. Hiram Bingham consideró que este sector habría pertenecido a los jefes. Luego se vuelve hacia atrás para subir por una escalera que lleva al próximo sector. Sector de las Canteras:el que se suponía era la fuente del material constructivo para la ciudad. Por debajo de él, Bingham encontró restos óseos y objetos de uso personal. Desde aquí se tiene una vista panorámica de Machu Picchu. Barrio Sagrado: aquí se encuentran los edificios más famosos: el Templo de las Tres Ventanas y el Templo Principal. En el centro se encuentra una gran piedra a la que se considera una piedra-altar. También existe una habitación que se atribuye a residencia de un sacerdote. El Templo de las Tres Ventanas fue relacionado, por Bingham, a uno de los mitos del origen de los inka: desde el Tampu Toqo habrían salido los Hermanos Ayar, los cuatro hermanos de distinto destino que dieron nacimiento mitológico al pueblo. Ellos salieron, con sus respectivas esposas-hermanas desde las tres ventanas del Tampu, ricamente vestidos, con servicios de oro y con la misión de fundar el Cusco. Pero entre ellos surgió la envidia. El mayor, Ayar Cachi, poseía condiciones superiores a las de los demás y su honda de oro arrojaba piedras que llegaban hasta las nubes. Sus hermanos lo hicieron entrar – con engaños – en una cueva del cerro Tampu Toqo y lo encerraron tapando la entrada con rocas. Su voz, al no poder liberarse, hizo temblar los Andes. Los tres hermanos envidiosos, asustados, huyeron y llegaron a Wanakauri, cerro próximo al Cusco donde Ayar Uchu se convirtió en piedra al querer apartar una roca sagrada. Su hermano, Ayar Auca, tomó posesión del Cusco pero al sentarse sobre unas piedras quedó convertido en una de ellas. Sólo Ayar Manco pudo tomar Cusco y fundar el Tawantinsuyu. Su muro principal contiene tres ventanas trapezoidales y su factura es muy perfecta. A éste se enfrentan rocas de forma piramidal que soportaban –seguramente – el techo.
El Templo Principal está ubicado al noroeste del puente central del Barrio Sagrado. Es de planta rectangular, con tres paredes de piedra y con rocas de gran tamaño. En la parte central de su muro de fondo existe una gran piedra-altar y a su izquierda, en la cuesta de la montaña, se ven los andenes, el río Sagrado o Willkamayo, el valle de San Miguel y la vía férrea que lleva hacia el Valle de la Convención. En la montaña quedan los restos de un camino que lleva a Quillabamba, en la zona tropical y se observan las tuberías de la empresa hidroeléctrica que alimenta al Cusco. Luego, siguiendo hacia el norte, pasando por la derecha del Templo Principal, se arriba al siguiente sector. Sector de los Ornamentos. Se encuentra detrás del Templo Principal; es una habitación con un gran bloque horizontal de granito a la manera de asiento del cual se dice que habría servido para colocar las momias en los ritos religiosos. Frente a él, al lado izquierdo de la puerta, existe un enorme bloque con treinta y dos ángulos. Luego se sale de este lugar, se pasa a una escalinata estrecha, desde donde uno se voltea hacia la izquierda y se encamina hacia un espacio donde está el "reloj solar". Intiwatana.Es una piedra piramidal absolutamente enigmática. Bingham estimó que era un observatorio astronómico desde donde se estudiaban los movimientos del Sol y de la Luna, observando la sombra de esta especie de pilar de roca llamado saywa. La palabra Intiwatana significa "lugar donde se amarra al Sol". Desde aquí se tiene una visión panorámica de Mach Picchu. Se divisa otra cantera (en dirección al Huayna Picchu), una piedra enorme colocada sobre una plataforma (a la que se llama Roca Sagrada) y el sendero que conduce al Huayna Picchu. Hacia al sur se extienden numerosos andenes de cultivo. Al este están los llamados Barrio Común, Barrio de los Intelectuales, Barrio Industrial o Grupo de los Morteros y el Grupo de las Cárceles. Al pie se extienden la Plaza Principal, dos pequeñas plazas y, otra vez, andenes y al oeste, se encuentra el valle de San Miguel y otros andenes. Una larga escalinata lleva al próximo sector. Plaza Principal: es un gran espacio abierto que divide a la ciudad en dos grupos bien definidos, rodeado de andenes. Desde ella y hacia arriba se ven el Templo de las Tres Ventanas y el recinto del Intiwatana. Desde esta plaza y descendiendo dos plataformas se llega a las Cárceles. Cárceles:se encuentran al sudeste de la ciudad, donde existe una caverna en cuya parte superior se encuentran aberturas que se interpretan como lugares de tortura; allí una persona era introducida en posición tendida, apoyando la cabeza en una hornacina en cuyos laterales se ven dos agujeros que habrían servido para colocar un travesaño que le impediría al prisionero levantarla. Las manos se amarrarían dentro de dos agujeros que están en las jambas de los nichos. El templo del cóndor: en la parte inferior de las cárceles existe una escultura que representa un cóndor con el pico y el collar de plumas que adorna al ave verdadera. Se encuentra en un pasadizo subterráneo donde se encontraron objetos de cerámica. ElKuntur era un ave sagrada, símbolo de la fuerza. El conjunto se completa con casas de dos pisos. Luego se camina hacia el este, se cruza una puerta, se voltea a la izquierda y a la derecha y, por fin, se llega a un altar ceremonial. Continuando, y en dirección al Huayna Picchu, se pasa a un corredor desde donde se ve la carretera en zigzag que une la estación de tren con el hotel de Machu Picchu. Luego regresando, se ingresa al sector industrial. Barrio de los Morteros o Sector Industrial: es uno de los más espaciosos de la ciudad y se supone estaba dedicado a la fabricación de cerámica y de textiles. Abundan las hornacinas y los morteros. Luego se sale por la puerta que da al oeste, se da vuelta por la izquierda y se pasa al siguiente sector. Barrio Intelectual: aquí, Bingham encontró Kipus y supuso que allí estaba la sede de losAmautas o Sabios. Aquí también existe una piedra-altar. Por encima de este sector se encuentra un gran número de habitaciones comunes, de arquitectura sencilla. Existen pasajes subterráneos, graderías, ventanas, altares, etc. Para llegar al cementerio, al suroeste, en la parte más alta de la ciudad, donde se ve una construcción techada, aislada de la que se dice fue la vivienda de los cuidadores. También, se puede ir hacia el sector del hotel, siguiendo una escalinata larga hacia la puerta de ingreso a Machu Picchu por el camino del Inka. La puerta tiene un gran dintel de una sola pieza y dos aberturas en la parte interior de las jambas, las que servían para atar la puerta. El camino del Inka – empedrado – lleva al Cementerio. En este sector está la Piedra Funeraria que posee tres escalones y un anillo en la parte superior (usada, quizá, para sujetar los cuerpos y rendirles culto antes de colocarlos en las tumbas, las que se encuentran frente a la Piedra). Alrededor se extienden andenes. Huayna Picchu: este nombre que designa la gran montaña que está frente a Machu Picchu, al norte, significa "Montaña Joven". El ascenso es muy difícil porque se realiza a través de un sendero muy estrecho. Pero al llegar a la cumbre el espectáculo que brinda es maravilloso. Allí existen construcciones, túneles y andenes. A media cuesta está el Templo de la Luna que sigue la factura inka de rigor. Las excavaciones brindaron cerámica, armas y objetos de champi (una aleación inventada por los inka).
Cuando se visita Machu Picchu viniendo por el Camino del Inka, desde el sur, se pueden apreciar durante el trayecto varios conjuntos arqueológicos monumentales. En primer lugar Wiñay Wayna (Siempre Joven), la cual es una pequeña ciudad con andenes sobre un precipicio y grupos de casas del estilo Machu Picchu. Allí existe un muro circular parecido al del Koricancha del Cusco, adornado con siete ventanas trapezoidales. La construcción se levanta junto a una cascada que cae a un abismo de quinientos metros de profundidad. Luego se llega a Phuyopata Marka (Ciudad entre las Nubes), a dos horas del conjunto arqueológico anterior y a una altura de cuatro mil metros. Allí existen construcciones de granito blanco distribuidas en tres grupos y también poseen una construcción cilíndrica con tres ventanas trapezoidales y cuatro nichos, desde donde se ve el Huayna Picchu. También se extienden gran cantidad de andenes. A corta distancia, se encuentra el Sayac Marka que incluye un grupo de ruinas llamadas Cedrobamba y que se comunica con el anterior por medio de una gran escalinata en roca viva, con un recorrido de cinco kilómetros y miles de escalones. Fueron registradas por la Werner Green Foundation en 1940, una organización de origen sueco.
Una de las cuestiones más interesantes de las sociedades de los Andes y, especialmente, de los inkas, siempre ha sido la de su arquitectura y por diversos motivos: la dimensión de sus construcciones, el impecable ajuste de las inmensas moles de piedra unas sobre otras, la geometría de los recintos, el transporte de masas de roca a través del territorio para consumar espectaculares templos y palacios, los tipos de piedra utilizados y los tipos de aparejos (es decir, los lienzos de pared producidos por la técnica constructiva).
En primer lugar, el material lítico más empleado estuvo integrado por la siguiente lista de rocas: andesita, basalto, arenisca, caliza, cuarcita, diorita, granito y pórfidos; todos ellos, en gran medida, duros y resistentes. Amontonaban leña y paja junto a la cantera, haciendo una gran hoguera para calentar la piedra a temperaturas altas y, luego, echaban agua fría sobre ella a fin de producir fisuras para extraer bloques menores. Usaban cuñas de pedernal y martillos para partir los bloques. Otro método consistía en introducir cuñas de madera húmedas en agujeros naturales o fabricados en las rocas con el resultado de que se producieran rajaduras que permitían sacar bloques de menor tamaño. Aún en la actualidad se emplean estas técnicas de extracción. En otros casos se obtenían cantos rodados de las orillas de los ríos o en las cuestas de las montañas. Seguramente el traslado se hacía mediante la tracción a sangre humana.
Escalante Moscoso apunta la existencia de cinco variedades de aparejos: el rústico, constituido por piedras naturales sin cantear, de distintos tamaños y colocadas en orden con o sin mortero de barro; el celular o lienzo tipo "panel de abejas" de forma pentagonal o poligonal, canteando y encajando los sillares con las juntas, a veces con pulido de la parte frontal del muro; engastado o trabado construido haciendo que las piedras labradas estuvieran unidas unas a otras de tal modo que sus numerosos ángulos llegaran a coincidir y que sus caras tuvieran el aspecto de una almohadilla convexa o plana (éste tipo de terminación se puede apreciar en el pasaje Inka Roca del Cusco, en Machu Picchu y en Ollantaytambo). El aparejo ciclópeo consistió en piedras de gran tamaño (en algunos casos superiores a tres metros de alto) como las que se pueden ver en Sacsahuamán y en Machu Picchu.
Esta leyenda fue narrada en la crónica Comentarios Reales, escrita por el Inca Garcilaso de la Vega II, quien fue hijo del capitán español Sebastián Garcilaso de la Vega y de la princesa inca Chimpu Ocllo. En esta obra, el cronista dice que el padre Sol, compadecido por el estado de salvajismo en el que vivían los hombres, hizo salir del lago Titicaca a una pareja de hermanos y esposos: Manco Cápac y Mama Ocllo.
Ellos recibieron el encargo de dirigirse hacia el norte llevando una vara de oro, la cual periódicamente debían tratar de hundir en el suelo hasta encontrar un lugar donde la vara entrase fácilmente para luego establecerse ahí. Esto ocurrió al pie del cerro Huanacaure, adonde convocaron a todos los pobladores de las áreas vecinas. Allí, los convencieron de su origen divino y de su labor civilizadora. De esta manera, y siguiendo los supuestos de su padre Sol, Manco Cápac enseñó a los hombres a cultivar la tierra, el maíz, a hacer canales de riego y a construir casas de piedra. Mientras tanto, Mama Ocllo, enseñaba a las mujeres a hilar y tejer para hacer vestidos de lana y algodón.
Estas dos leyendas coinciden en indicar una ruta de migración de sur a norte (proveniente del altiplano peruano-boliviano), donde la búsqueda de tierra fértil se hace evidente. Es probable que los fundadores del imperio hayan sido expulsados del altiplano. Otro punto en común es la idea de «ordenación» del mundo: los fundadores míticos ordenan el Cusco, lugar que se hallaba en situación de caos por la pugna entre las etnias que vivían allí.
(?, s. XII-Cuzco?, s. XIII) Mítico soberano, fundador del Imperio Inca. A finales del siglo XII, Manco Cápac I guió a los incas, un pueblo de lengua quechua procedente de una pequeña isla del lago Titicaca, en el altiplano boliviano, hasta el valle de Cuzco, situado en los Andes peruanos, una depresión de clima agradable a pesar de su altura (unos 4.000 m sobre el nivel del mar), dado que se encuentra en la latidud de los trópicos.
Manco Cápac
Tras someter a los pueblos que habitaban el lugar, decidió establecerse en este valle de suelo fértil y abundantes bosques y prados, y hacia el año 1200 fundó Cuzco junto al río Huatanay. La ciudad, cuyo nombre en quechua significa «ombligo», se convirtió pronto en la capital de un gran imperio, que, entre los siglos XIII y XV, llegó a dominar un vasto y accidentado territorio que se extendía desde el norte de Ecuador hasta el centro de Chile, abarcaba la Bolivia andina y el noroeste de Argentina y tenía como centro Perú.
Manco Cápac fundó también la dinastía de los inca, o soberanos, que regiría este formidable imperio hasta su extinción en 1571, año en que los conquistadores españoles decapitaron en Cuzco a Túpac Amaru, el último inca. Al parecer, Manco Cápac murió a los setenta años de edad y fue sucedido por su hijo Sinchi Roca; parece probable que fuera embalsamado e inhumado en el gran templo del Sol, en Cuzco, como ocurrió con sus descendientes.
Tras su muerte, la figura de Manco Cápac I trascendió al personaje histórico para convertirse en un héroe mítico, protagonista de la narración que explica los orígenes legendarios del pueblo inca y de sus monarcas. Según el relato recogido, entre otros, por el cronista Garcilaso de la Vega, el Inca (1583-1613), ocho hijos del dios sol Inti, cuatro varones (Manco Cápac, Ayar Cachi, Ayar Ucho y Ayar Auca) y cuatro hembras, surgieron del fluido subterráneo por una cueva situada en la roca sagrada de Pacaritambo, a unos 30 Km al sudeste de Cuzco.
La misión que les había encomendado su padre era encontrar un lugar desde donde partir hacia la conquista y civilización del mundo, tarea en la que pronto se les unieron las gentes que habitaban en las cuevas vecinas a la citada roca, los incas. Para conseguir su objetivo, llevaban el báculo de oro de Mama Huaco, el cual, hincado en el suelo, debía indicar si el lugar en que se encontraban era el que buscaban al hundirse por sí solo en la tierra.
Durante el viaje, tres de los hermanos decidieron partir en direcciones diferentes, de forma que Manco Cápac, el único de los varones que permaneció con el grupo, se encargó de guiarlo hasta el valle de Cuzco, donde la vara dorada penetró en el terreno, por lo que el legendario gobernante fundó la ciudad de Cuzco y estableció su capital. A fin de preservar la pureza de su estirpe divina, Manco Cápac casó con su hermana mayor, Mama Ocllo, matrimonio incestuoso del que surgió la dinastía reinante en el Imperio Inca.
Esta leyenda, sin duda, hubo de contribuir decisivamente a consolidar a los descendientes de Manco Cápac I en el poder, ya que les otorgaba un carácter divino y legitimaba la costumbre de los soberanos incas de tener como esposa principal, o coya, a una de sus hermanas, cuyo hijo primogénito sería el heredero del trono.
(Pachacuti o Pachacútec Inca Yupanqui; ?-?, 1471) Primer soberano del llamado Imperio histórico Inca (1438-1471). Dotado de un gran talento militar, inició la expansión del Imperio Inca más allá de las fronteras del Perú actual: hacia el norte, conquistó los reinos chimú y de Quito, y por el sur llegó hasta el valle de Nazca.
Pachacútec
A fin de imponer su dominio sobre un complejo mosaico de más de 500 tribus, con lenguas, religiones y costumbres dispares y radicadas en áreas geográficas distantes, Pachacuti Inca Yupanqui reprimió con extrema dureza las rebeliones de los pueblos sometidos y no dudó en deportar a los grupos más conflictivos lejos de sus regiones de origen.
No fue, sin embargo, un mero conquistador, ya que también supo dotar a su Estado de una sólida y eficaz estructura administrativa. Así, por ejemplo, organizó las ciudades conquistadas según el modelo inca y encomendó su gobierno a una jerarquía de funcionarios que habían de rendir cuentas de su gestión en Cuzco, la capital del Imperio, que durante el reinado de Pachacuti superó los 100.000 habitantes. De hecho, todos los cargos importantes eran desempeñados por funcionarios de origen inca, mientras que los gobiernos regionales estaban en manos de miembros de la familia real.
En los últimos años de su vida, Pachacútec confió la dirección de las campañas militares a su hijo Topa Inca, en tanto que él se dedicaba a supervisar la construcción de algunos de los monumentos más importantes de la cultura inca, como el Templo del Sol, en Cuzco, la ciudadela de Sacsahuaman, cerca de la capital, y Machu Picchu, la ciudad-fortaleza enclavada sobre el valle del río Urubamba. A este soberano se atribuye también la adopción del sistema de cultivo en terrazas, que caracterizó el sistema agrícola incaico.
La imponente ciudadela de Machu Picchu habría sido construida por los Incas a mediados del siglo XV por órdenes del emperador Pachacútec, durante la época de expansión del imperio incaico.
El imperio de los Incas, o Inkas, como también se les conoce, se estableció en Cuzco, aproximadamente en el año 1200 d. C. Existen dos famosas leyendas en torno al origen del imperio; una es la leyenda de Manco Cápac y Mama Ocllo, y otra es la de los cuatro hermanos Ayar. Ambas leyendas señalan a Manco Cápac como fundador y primer gobernador de la dinastía. Sin embargo, el imperio no se constituiría como tal hasta la época de Pachacútec, probablemente el más importante emperador Inca. Pachacútec lograría la expansión del entonces señorío Inca, logrando establecer el poderoso imperio del Tahuantinsuyo, el cual llegaría a abarcar cerca de 2 millones de kilómetros cuadrados. Sería bajo su reinado que se construiría la ciudadela de Machu Picchu.
Tras la caída del imperio Inca a manos de los conquistadores españoles, la ciudadela habría sido deshabitada. Los especialistas no se han puesto de acuerdo con respecto a la situación de Machu Picchu durante la época colonial. Mientras algunos afirman que los españoles tenían conocimiento de la ciudadela, otros sostienen que nunca fue encontrada. Lo cierto es que su existencia sería sólo conocida por los habitantes locales hasta el año en que el historiador estadounidense Hiram Bingham las encontrara y las expusiera al mundo entero. Con la ayuda de la Universidad de Yale, la National Geographic Society y el gobierno Peruano, Bingham iniciaría trabajos arqueológicos en la zona desde el año 1912 hasta el 1915, periodo en el que se retiraría la espesa maleza que cubría las ruinas y se descubrirían numerosas tumbas de los habitantes de la ciudadela.
A partir de entonces, Machu Picchu se convertiría en el máximo destino turístico del Perú y uno de los más importantes a nivel mundial. Declarado Patrimonio Cultural por la UNESCO y votado por millones de personas como una de las Nueve Siete Maravillas del Mundo, Machu Picchu es, sin duda alguna, el más grande patrimonio dejado por los antiguos Incas.
Época incaica
Antes de que se erigiese la imponente ciudadela de Machu Picchu, la quebrada de Picchu era habitada por poblaciones provenientes de las regiones de Vilcabamba y del Valle Sagrado, que buscaban expandir sus fronteras agrarias. Tras la expansión del señorío Inca, estos terrenos pasaron a ser parte del entonces creciente imperio del Tahuantinsuyo.
Los historiadores coinciden en que Machu Picchu fue construida a mediados del siglo XV bajo las órdenes del emperador Pachacútec, responsable de la expansión del domino Inca y de su transformación de un simple señorío al magnífico imperio que hoy sabemos que fue.
La historia cuenta que durante el gobierno del Inca Wiracocha, el señorío Inca se encontraba constantemente amenazado por sus vecinos occidentales, los Chancas. Ante una eventual invasión, el Inca Wiracocha, junto a su hijo Inca Urco, heredero al trono, huyeron de la ciudad, dejando al pueblo Inca abandonado a merced de los invasores. Cusi Yupanqui, hijo del mismo Wiracocha y Mama Runto, decidió hacer frente a la amenaza Chanca, y en alianza con las etnias locales, lograría vencerlos, salvando así el Imperio Inca. Tras esta victoria, el Inca Wiracocha lo reconoció como su sucesor. De este modo, Cusi Yupanqui tomó las riendas del señorío y pasó a llamarse Pachacútec Yupanqui Cápac Intichuri, que significa “hijo del Sol que cambia el rumbo de la tierra”.
Bajo el dominio de Pachacútec, el dominio Inca sufrió una gran expansión y dejo de ser un señorío para convertirse en el grandioso imperio del Tahuantinsuyo. Durante esa época de esplendor y prosperidad, se erigieron grandes construcciones, siendo la más importante la magnífica e imponente ciudadela de Machu Picchu.
Sobre el motivo de su construcción, en primera instancia se creía que Machu Picchu había sido erigida como una fortaleza militar o incluso como una residencia de descanso para Pachacútec, pero ambas hipótesis fueron perdiendo peso paulatinamente. Tras exhaustivos estudios, algunos especialistas han concluido que Machu Picchu fue usado como santuario religioso, principalmente debido al carácter ceremonioso que acompaña a algunas de sus estructuras. También se especula que haya servido como monasterio donde se preparaban a las niñas que servirían al Inca y al Sumo Sacerdote, esto debido a que de los 135 cuerpos encontrados, 109 resultaron ser mujeres. No se descarta, sin embargo, su uso como palacio.
Durante su época de esplendor, se cree que Machu Picchu albergó entre 300 a 1000 personas. Los estudios indican que la fuerza agrícola de la ciudadela incaica habría estado conformada por colonos, también llamados mitimaes, procedentes de distintos rincones del imperio.
Época colonial y republicana
Se cree que la ciudadela habría sido abandonada entre los años 1534 y 1570, en el periodo de resistencia Inca. Tras la invasión española, los colonos o mitimaes habrían aprovechado la crisis que afrontaba el imperio Inca para huir rumbo a sus pueblos de origen.
No hay vestigios que indiquen que Machu Picchu habría sido ocupada en algún momento por los colonos españoles ni datos que verifiquen que estos estuviesen al tanto de su existencia. Los historiadores que sostienen esta hipótesis señalan que los cronistas españoles no mencionaron jamás la ciudadela en sus escritos, por lo que es probable que nunca llegasen a conocerla. Otros especialistas sostienen lo contrario, basándose en estudios que revelan que los españoles habrían usado la ciudadela como primer escenario de sus extirpaciones de idolatrías, habiéndose hallado evidencias de incendios en algunas de sus estructuras. Se cree también que los extirpadores de idolatrías se habrían llevado los tesoros que se encontraban en la ciudadela.
Otro hecho que fortalece estas creencias es que en las excavaciones realizadas por Hiram Bingham y su expedición, se hallaron en algunas tumbas objetos propios de la era posterior a la llegada de los incas, tales como un cuchillo de hierro oxidado, un hueso de vaca, pepas de durazno y los restos de una cuenta de vidrio verde. Aunque cabe mencionar que dichos descubrimientos no fueron realizados por arqueólogos, lo que podría restar cierta validez a los hallazgos.
Ya sea que conociesen la ciudadela o no, todo parece indicar que los españoles no supieron apreciar la importancia de la ciudadela en el pasado, en cuanto no se asentaron ni levantaron construcciones en sus cercanías. Paulatinamente, el lugar sería olvidado por los colonos españoles más no por los habitantes locales.
Durante la era republicana, se cree que arqueólogos e historiadores famosos habrían visitado el lugar, pero no habrían advertido la presencia de la antigua ciudadela, como sería el caso del famoso investigador, geógrafo, escritor y catedrático Antonio Raimodi. Existen fuentes que indicarían que en 1867, las ruinas habrían sido visitadas por un aventurero alemán de nombre Augusto Berns, quien sería entonces el verdadero “descubridor” de la antigua ciudadela inca.
Redescubrimiento
Si bien el redescubrimiento de la ciudadela se le atribuye al historiador estadounidense Hiram Bingham, hay fuentes que indican que Agustín Lizárraga, un arrendatario de tierras de origen cuzqueño, habría llegado a las ruinas nueve años antes que el mencionado historiador. Según indican, Lizárraga habría dejado una inscripción en uno de los muros del Templo de las Tres Ventanas. Dicha inscripción habría sido posteriormente borrada.
La historia de Lizárraga y sus visitas a las antiguas ruinas incas habría llamado la atención de Hiram Bingham, que se encontraba en la zona investigando los últimos reductos incas en Vilcabamba. Bingham, muy interesado en estos rumores, iniciaría la búsqueda de dichas ruinas, llegando a Machu Picchu en compañía del arrendatario cuzqueño Melchor Arriaga y de un sargento de la guardia civil peruana, en julio de 1911. Ahí, el historiador norteamericano encontraría a dos familias, los Recharte y los Álvarez, que se habían establecido en los andenes del sur de las ruinas. Fue finalmente un niño de la familia Recharte quien guiaría a Bingham hacia la “zona urbana” de las ruinas, la cual se encontraba cubierta por una espesa maleza.
De inmediato, Bingham entendió el enorme valor histórico de las ruinas descubiertas y se comunicó con la Universidad de Yale, la National Geographic Society y el gobierno peruano, solicitando auspicios para iniciar con los estudios del sitio arqueológico inca. Los trabajos arqueológicos se llevaron a cabo desde 1912 hasta 1915. En este periodo, se logró despejar la maleza que atestaba la ciudadela y se excavaron las tumbas incas halladas más allá de los muros de la ciudad.
En 1913, la National Geographic publicó en su revista un extenso artículo de Machu Picchu y los trabajos que ahí se realizaban, dando a conocer la ciudadela al mundo entero. Con el transcurrir de los años, la importancia turística de la ciudadela de Machu Picchu iría creciendo, primero a nivel nacional y luego a nivel internacional, llegando a ser proclamada Patrimonio de la humanidad por Unesco, en el año 1983. El 7 de julio de 2007, tras una votación en internet donde participaron millones de personas alrededor del mundo, Machu Picchu fue declarada como una de las nuevas siete maravillas del mundo.
José Silverio Olaya Balandra, mártir patriota. Nació en 1782 en la villa de San Pedro de Chorrillos, una ranchería de pescadores y, simultáneamente, uno de los balnearios más famosos de la época. Hijo de José Apolinario Olaya y de Melchora Balandra. Aparentemente sirvió desde muy joven a la causa libertadora, pues se dice que ya desde 1820 portaba mensajes de enlace entre Chorrillos y las naves de la escuadra libertadora recién llegadas al litoral peruano, al mando del marino británico Thomas Cochrane. Su padre fallece en 1822 y al año siguiente conoce a Juana de Dios Manrique, quien apoyaba igualmente la causa de la emancipación y cuyo nombre serviría de cubierta a las comunicaciones secretas entre los patriotas. En junio de 1823, luego de la derrota del ejército libertador en las batallas de Torata y Moquegua, Lima fue ocupada por las tropas realistas del general José Canterac y el gobierno independiente tuvo que refugiarse en los castillos del Real Felipe, al igual que las fuerzas del ejército libertador al mando del general Antonio José de Sucre. Era de imperiosa necesidad restablecer la comunicación entre los sitiados en el Callao y los patriotas de Lima, además de conocer los movimientos del ejército enemigo de ocupación. En tal circunstancia, Andrés Riquero, antiguo contador mayor y tío de Juana de Dios Manrique, planteó a Sucre la posibilidad de utilizar para tal misión la experiencia y el probado valor de José Olaya, quien por su oficio hacía continuos viajes entre el pueblo de Chorrillos y la isla de San Lorenzo, y no despertaría sospecha alguna.
El 27 de junio de 1823, cuando llevaba una carta de Sucre para Narciso de la Colina, el pescador fue descubierto -se dice que a raíz que alguien lo delató- y capturado en la calle de Acequia Alta. Sometido a indescriptibles torturas por el brigadier Ramón Rodil, gobernador de la capital, se negó a revelar los nombres de los comprometidos en las comunicaciones. Ante su resolución, dos días después, el 29 de junio, fue fusilado en el callejón de Petateros, situado a un costado de la plaza de Armas de Lima, que hoy lleva el nombre del mártir. Se cuenta que, antes de morir, se dirigió a sus captores diciendo: Si mil vidas tuviera, gustoso las daría por mi patria. En mérito a su ejemplar conducta, José Olaya es honrado hasta hoy como patrono del arma de Comunicaciones del Ejército.
Jorge Basadre fue un historiador e historiógrafo peruano de la etapa republicana y contemporánea del Perú. Fue autor de la "Historia de la República del Perú", obra cumbre de la historiografía peruana del período republicano.
Jorge Basadre Grohmann nació en Tacna el 12 de febrero de 1903. Fue hijo de Carlos Basadre Forero y de olga Grohmann Butler. Durante sus primeros años, Tacna estaba bajo la ocupación chilena post Guerra del Pacífico y el plebiscito que estaba estipulado en el Tratado de Ancón de 1883 aún no se había realizado.
Su formación escolar la inició en el liceo Santa Rosa, escuela peruana que funcionó clandestinamente en Tacna a causa del proceso de chilenización de Tacna. Basadre recuerda que en esa época, no se podia flamear la bandera del Perú ni estaba permitido cantar el Himno Nacional. Recién a los 9 años, Basadre y su familia se trasladaron a Lima, donde siguió sus estudios en el Colegio Alemán y el Colegio Nuestra Señora de Guadalupe.
En 1919 ingresó a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos donde obtuvo un doctorado en Letras (1928) y Jurisprudencia (1935). Siendo estudiante, intervino en el célebre Conversatorio Universitario de 1919, al lado de otros jóvenes intelectuales de la llamada Generación de la Reforma.
Prestó servicios en la Biblioteca Nacional, primero como auxiliar y luego como conservador y redactor del Boletín Bibliog´rafico de la Biblioteca de la Universidad de San Marcos.
Em 1925 y 1926 formó parte de la delegación peruana enviada ante la comisión plebiscitaria de Tacna y Arica. En 1928 inició su labor docente en la Universidad San Marcos y fue el catedrático más joven con 26 años de edad. Luego fue llamado para desempeñar el cargo de Director de la Biblioteca Central de la universidad tanto en 1930-1931 como en 1935-1942. Gracias a una beca concedida por la Fundación Carnegie, en 1931 viajó para realizar estudios sobre organización de bibliotecas en Estados Unidos. Después siguió cursos en la universidad de Berlín y realizó investigaciones en archivos de España, permaneciendo en el extranjero hasta 1935.
En 1939 apareció la primera edición de la ''Historia de la República del Perú'', obra que fue sucesivamente modificada y ampliada hasta llegar a la sexta edición en 1969. Es considerada como la obra más relevante de la historiografía peruana del siglo XX.
Al producirse el incendio de la Biblioteca Nacional, en mayo de 1943, fue nombrado por el gobierno de Manuel Prado y Ugarteche para hacerse cargo de la dirección de dicho establecimiento, promoviendo entonces su reconstrucción y reorganización, durante los cinco años siguientes (hasta 1948).
Fue ministro de Educación en dos oportunidades: del 28 de julio al 11 de octubre de 1945 (gobierno de José Luis Bustamante y Rivero), y de 1956 a 1958 (segundo gobierno de Manuel Prado).
Murió en Lima el 29 de junio de 1980, a los 77 años de edad.
(José Francisco de San Martín y Matorras; Yapeyú, hoy San Martín, Corrientes, Argentina, 1778 - Boulogne-sur-Mer, Francia, 1850) Héroe de la independencia americana, libertador de Chile y Perú.
La singularidad del perfil heroico de José de San Martín viene dada, más que por sus hazañas exteriores, por la grandeza interior de su carácter. Pocos hombres públicos pueden exhibir una trayectoria tan limpia en la historia de América: habiendo alcanzado la máxima gloria militar en las batallas más decisivas, renunció luego con obstinada coherencia a asumir el poder político, conformándose con ganar para los pueblos hispanoamericanos la anhelada libertad por la que luchaban.
José de San Martín
Sus campañas militares cambiaron el signo de la historia americana durante el proceso de descolonización acaecido a principios del siglo XIX. A su lucidez estratégica se deben los planteamientos militares que llevarían a la independencia de Chile y de Perú, centro neurálgico del poderío español cuya caída conduciría a la de todo el continente. Si luego dejó en manos menos nobles las extenuantes guerras civiles y partidistas que acabaron por malbaratar los más bellos sueños de los patriotas, fue por esa misma pureza y rectitud de principios. Achacoso, postergado y ciego, San Martín moriría decentemente en su cama, en un remoto rincón de Francia, cargado de honores y exonerado de toda responsabilidad sobre el destino tortuoso de aquellas amadas tierras cuya independencia había ganado con el valor de su sable.
Biografía
Hijo de Juan de San Martín, teniente gobernador de Corrientes, y de Gregoria Matorras, el pequeño José Francisco se crió en el seno de una familia española que no tardó en preferir volver a su país a quedarse en aquellos turbulentos estados coloniales. En 1784 pasó con su familia a España; en 1787 ingresó en el Seminario de Nobles de Madrid, donde aprendió retórica, matemáticas, geografía, ciencias naturales, francés, latín, dibujo y música.
Dos años después pidió y obtuvo el ingreso como cadete en el Regimiento de Murcia. Fue éste el origen de una brillante y vertiginosa carrera militar que tendría su bautismo de fuego en el sitio de Orán (1791), en la campaña de Melilla; trece años tenía entonces el futuro libertador.
José de San Martín (detalle de un retrato de François Joseph Navez, c. 1824)
Más tarde intervino en las guerras del Rosellón (1793) y de las Naranjas (1801), mereciendo sucesivos ascensos por su actuación; en 1803 era ya capitán de infantería en el regimiento de voluntarios de Campo Mayor. Cuando la invasión napoleónica de la península dio lugar a la Guerra de la Independencia Española (1808-1814), su arrojo contra los invasores franceses en la batalla de Bailén (1808) le valdría ser nombrado teniente coronel de caballería.
La emancipación de América
Tras esta fulgurante carrera en el ejército español, y poco después de estallar la revolución emancipadora en América, San Martín, que había mantenido contactos con las logias masónicas que simpatizaban con el movimiento independentista, reorientó su vida hacia la causa emancipadora. El sentimiento de su identidad americana y su ideario liberal, desarrollado en el clima espiritual surgido tras la Revolución Francesa y en la lectura de los enciclopedistas e ilustrados franceses y españoles, lo determinaron a contribuir a la libertad de su patria.
Inició así una nueva etapa de su vida que lo convertiría, junto con Simón Bolívar, en una de las personalidades más destacadas de la guerra de emancipación americana. Solicitó la baja en el ejército español y marchó primero a Londres (1811), donde permaneció casi cuatro meses. Allí asistió a las sesiones de la Gran Reunión Americana, fundada por Francisco de Miranda, que fue la organización madre de varias otras esparcidas por América con idénticos fines: la independencia y organización de los pueblos americanos.
Desde Inglaterra se embarcó hacia Buenos Aires (1812), donde esperaba que su experiencia militar en numerosas batallas le permitiese rendir excelentes servicios al ideal que animaba a su país. A causa de sus veintidós años de servicio en el ejército realista, no fue recibido con entusiasmo por los dirigentes; pero, ante la debilidad militar del movimiento patriota, la Junta gubernativa le confirmó en su rango de teniente coronel de caballería y le encomendó la creación del Regimiento de Granaderos a Caballo, al frente del cual obtendría la victoria en el combate de San Lorenzo (3 de febrero de 1813).
El mismo año de su llegada había conocido en una tertulia política a la que sería su esposa y compañera, doña María Remedios de Escalada, con quien contrajo matrimonio enseguida, el 19 de septiembre, en la catedral porteña. En 1813 renunció a la jefatura del Ejército de Buenos Aires, y en 1814 aceptó sustituir aManuel Belgrano al frente del Ejército del Alto Perú, maltrecho por sus derrotas. El duro revés que Belgrano había sufrido en Vilcapugio y Ayohuma a manos de los realistas cerraba prácticamente las posibilidades de avanzar sobre Perú, al tiempo que hacía vulnerable esa frontera, cuya custodia encargó a Martín Miguel de Güemes, caudillo de Salta.
La gesta de los Andes
Incómodo ante las suspicacias bonaerenses, y de acuerdo con sus compañeros de la logia Lautaro, José de San Martín pensaba que todos los esfuerzos debían orientarse hacia la liberación de Perú, principal bastión realista en América. Bloqueada la ruta del Alto Perú (la actual Bolivia), empezó a madurar su plan de conquista de Perú desde Chile; con este objetivo obtuvo la gobernación de Cuyo, lo que le permitió establecerse en Mendoza (1814) y preparar desde allí su ofensiva.
Mientras tanto, en Chile, Bernardo O'Higgins y José Miguel Carrera habían unido sus fuerzas para sostener la estratégica ciudad de Rancagua; con su derrota a manos de los realistas finalizaba la intentona independentista chilena del periodo denominado la Patria Vieja (1810-1814). La caída de la Patria Vieja y la llegada a Mendoza de los refugiados chilenos complicó los planes de San Martín, que esperaba atacar Perú desde un Chile independiente y aliado; era prioritario, pues, liberar Chile.
San Martín y O'Higgins en la travesía de los Andes
San Martín decidió apoyarse en O'Higgins, con quien preparó el plan de invasión que sería aprobado por los gobiernos de Gervasio Antonio de Posadas y de Juan Martín de Pueyrredón. En Mendoza, durante tres años (1814-1817) y con pobres recursos, San Martín organizó pacientemente el ejército con la ayuda de la población de los Andes; a la empresa se sumó también con celo su esposa, doña Remedios, que entregó sus joyas para aliviar en algo las penurias de los patriotas. En 1816 esta abnegada mujer dio al general su única hija, Merceditas, que sería el bálsamo de San Martín en su solitaria vejez.
Finalmente, en 1817 inició la gran campaña que habría de dar un giro nuevo a la guerra, en el momento más difícil para la causa americana, cuando la insurrección estaba vencida en todas partes con excepción de la Argentina. Su objetivo era invadir Chile cruzando la cordillera de los Andes, y su realización, en sólo veinticuatro días, constituiría la mayor hazaña militar americana de todos los tiempos. Superadas las cumbres andinas, el 12 de febrero de 1817 derrotó al ejército realista al mando del general Marcó del Pont en la cuesta de Chacabuco, y el 14 entró en Santiago de Chile. La Asamblea constituida proclamó la independencia del país y le nombró director supremo, cargo que declinó en favor de O'Higgins.
La liberación de Perú
Pero esta gran hazaña de San Martín perseguía, como ya se ha indicado, una meta mucho más ambiciosa, y respondía a la estrategia continental del libertador. Desde esa perspectiva más amplia, la conquista de Chile era sólo un paso necesario: San Martín comprendió que para sacudir el yugo español del continente era preciso conseguir el dominio naval del Pacífico y la ocupación del virreinato del Perú, verdadero centro del poder realista. El mismo virrey peruano Pezuela consideró con lucidez la situación creada tras el cruce de los Andes y la batalla de Chacabuco, señalando que esta campaña "trastornó enteramente el estado de las cosas, dio a los disidentes puestos cómodos para dominar el Pacífico y cambió el teatro de la guerra para dominar el poder español en sus fundamentos."
A partir de este momento, los esfuerzos de San Martín se centraron en la organización de la gran escuadra que había de transportar a las tropas libertadoras a Perú. Viajó a Buenos Aires a fin de solicitar lo necesario para la campaña; sin embargo, lo que recibió fue la oferta de intervenir directamente en las disputas internas del país, cosa que rechazó.
El abrazo de Maipú (detalle de un cuadro de Pedro Subercaseaux)
A su regreso a Chile, las fuerzas patriotas fueron derrotadas en Cancha Rayada por el ejército realista de Osorio. San Martín reorganizó las desmoralizadas tropas criollas y venció a Osorio en los llanos de Maipú (5 de abril de 1818); al término de esta batalla, con la que quedaba asegurada la libertad chilena, tuvo lugar el célebre abrazo entre San Martín y O'Higgins. Aún después de destruidos los últimos focos de resistencia española, San Martín tuvo que vencer tremendos obstáculos: la falta de dinero, las diferencias políticas y la rivalidad y envidia de sus enemigos; pero los muchos meses dedicados a la organización de la campaña de Perú acabarían dando su fruto.
Finalizados los preparativos, la escuadra zarpó de Valparaíso (Chile) el 20 de agosto de 1820, transportando un ejército de 4.500 hombres, y desembarcó en la playa de Paracas (cerca de Pisco, Perú) el 8 de septiembre. San Martín intentó una negociación con el virrey Pezuela, y luego con su sucesor, José de la Serna, con el que se entrevistó el 2 de junio de 1821: el libertador expuso allí su oferta de un arreglo pacífico, que incluía la independencia de Perú y la implantación de un régimen monárquico con un rey español, ofreciendo a La Serna la regencia interina. Fracasadas las negociaciones, San Martín ocupó Lima y proclamó solemnemente la independencia (28 de julio), pese a que el ejército realista aún controlaba gran parte del territorio virreinal.
San Martín desembarca en Paracas (1820)
Nombrado Protector de Perú, mientras enviados suyos gestionaban en las Cortes europeas el establecimiento de una monarquía, la incertidumbre de su situación militar contrastaba con la consolidación de Simón Bolívar en la Gran Colombia y la total liberación de Quito tras la Batalla de Pichincha. Hostilizado por los españoles que se habían hecho fuertes en las montañas, con su ejército desgastado por la prolongada campaña y con su poder minado por las disensiones entre los patriotas, San Martín hubo de sostener una lucha constante.
La ocupación de Guayaquil, ciudad reivindicada por Perú, fue el motivo inmediato de su célebre entrevista con Simón Bolívar (julio de 1822), en la que había de tratarse el futuro del continente y cuyo contenido exacto es aún objeto de múltiples discusiones, pero que sin duda debió de desalentar a San Martín; nada más regresar a Lima, y ante la creciente oposición peruana a su política, convocó el Congreso y presentó la renuncia a su cargo de Protector (20 de septiembre de 1822), dos años antes de que la victoria de Ayacucho pusiera fin definitivamente a la dominación española en Perú y en todo el continente.
El retiro
San Martín había decidido retirarse; consideraba cumplido su deber de liberar a los pueblos y no quiso participar en las luchas intestinas por el poder. En octubre de 1822 llegó a Chile; en verano de 1823 cruzó los Andes y pasó a Mendoza con la idea de establecerse allí, apartado de la vida pública. Pero las muchas críticas adversas que le atribuían aspiraciones de mando y el fallecimiento de su esposa lo determinaron a partir en febrero de 1824 rumbo a Europa, acompañado por su hija Merceditas, que en esa época tenía siete años.
Residió un tiempo en Gran Bretaña y de allí se trasladó a Bruselas (Bélgica), donde vivió modestamente; su menguada renta apenas le alcanzaba para pagar el colegio de Mercedes. Hacia 1827 se deterioró su salud, resentida por el reumatismo, y su situación económica: las rentas apenas le llegaban para su manutención. Durante esos años en Europa arrastró además una incurable nostalgia de su patria.
José de San Martín en una imagen de 1848
Su última tentativa de regreso tuvo lugar en 1829. Dos años antes había ofrecido sus servicios a las autoridades argentinas para la guerra contra el Imperio brasileño; en esta ocasión, embarcó hacia Buenos Aires con la intención de mediar en el devastador conflicto entre federalistas y centralistas. Sin embargo, al llegar encontró su patria en tal grado de descomposición por las luchas fraticidas que desistió de su intento, y, pese a los requerimientos de algunos amigos, no puso pie en la añorada costa argentina.
Regresó a Bélgica y en 1831 pasó a París, donde residió junto al Sena, en la finca de Grand-Bourg. Gracias a la solicitud de su pródigo amigo don Alejandro Aguado, compañero de armas en España, pudo pasar el postrero tramo de su vida sin vergonzosas estrecheces. En 1848 se instaló en su definitiva residencia de Boulogne-sur-Mer (Francia), donde moriría en 1850.